Muchas veces, en programas de misterio como Cuarto Milenio, se habla de "las puertas a otro mundo" y de la vida más allá de la muerte y resulta sugerente e interesante, incluso da miedo en algunos casos: fantasmas que nos hablan, otros planos de percepción, objetos mágicos, mensajes encriptados, y estaba pensando que todo eso, a diario, lo tengo yo, y no es que me esté volviendo loco, ni un médium, ni que haya conocido a las embrujadas, no, yo simplemente leo libros.
Cada vez que abrimos un libro estamos ante un mensaje codificado de una persona o de varias, y muchas de esas personas son personas que han vivido hace 3000, 2500, 2000, 1500 o 500 o 100 años.
Algunos están encriptados, algunos pocos son mágicos, muchos son mensajes del pasado, del Más Allá, casi todos son puertas a otro mundo, a un distinto plano de percepción son todos ellos y los elegidos son inmortales que nos hablan.
Así cuando leemos la Biblia o el Libro de los Muertos, el Poema de Gilgamesh, a Tomás Moro, a Erasmo, a Hesíodo, a Heródoto, a Platón, a Aristóteles, a Cervantes, a Shakespeare, a Pío Baroja, a Galdós, a Plinio, a Eliano, a Séneca, a Stieg Larsson, a Agatha Christie, a Agustín de Hipona, a Marco Aurelio, a Plauto, a Aristófanes, a García Márquez, a Manuel Fernández Álvarez, a Manetón y tantos otros, estamos con unos muertos vivientes de hace mucho tiempo o de apenas unos días que nos cuentan, relatan sus pensamientos, sus invenciones, sus investigaciones, su vida, directamente a nosotros.
Pero también cuando leemos a Vargas LLosa, a Markus Zusak, a César Pérez Gellida, a Lorenzo Silva, Donna Leon, a Camilieri, a Noah Gordon, a Eslava Galán, a Pérez Reverte, a Juan Madrid y tantos otros, nos metemos en su cabeza, nos cuentan su visión, nos narran historias.
Donde Don Quijote, Sancho, Hamlet, Poirot, Brunetti, Moltalbano, Bevilacqua,...son tan reales en nuestra vida o más que Rajoy o Zapatero. A veces personajes reales se nos presentan de otra manera ya sean Ramses II, Salomón, Dido, Akenatón, Suárez o Avinareta, entrando en nuestras vidas y cambiándolas.
Recuerdo un artículo de Jaime Campmany sobre su biblioteca, no me acuerdo bien, pero cualquiera que ame los libros se reflejaba en lo que contaba, se refería a los que había leído y conservaba sabiendo que no iba a volver a leer, a los que había comprado o le habían regalado y que esperaban su turno, y a los que no había leído, que había comprado esperando un momento adecuado y que nunca iba a leer, pero que aún así, sin abrirlos cuentan de los deseos, de los intereses, de los anhelos de su "dueño" unidos en una biblioteca.
Estará a punto la Feria del Libro Antiguo y de Ocasión, donde puedes comprar maravillas salidas de bibliotecas deshechas de desaparecidos, y después la Feria del Libro donde aparecerán nuevos escritores, nuevas obras, y se venderán muchos 100 años de soledad...
Acabo con dos frases que he visto por Internet (http://www.julianmarquina.es/recopilacion-de-frases-celebres-sobre-bibliotecas-a-tener-en-cuenta/):
«Las grandes bibliotecas siempre han buscado tanto el futuro como el pasado» (Laura Shapiro)
«He visto que lo más valioso de mi cartera es mi carné de biblioteca» (Laura Bush)
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miércoles, 23 de abril de 2014
lunes, 31 de marzo de 2014
Las Fronteras Imperfectas y el Trino del Diablo.
Me acabo de terminar Las fronteras imperfectas de Guillermo Ariza (Chiado Editorial, 2014), donde el autor hace un viaje en moto recorriendo los faros desde el País Vasco a Cádiz, viajando de verdad, entre sus recuerdos y también a través de un relato, la historia de dos amigos en el Cádiz de 1930, y me ha gustado.
Hace pensar, te lleva en un viaje personal a las playas gaditanas, al mundo de los marineros, a los confines de los paisajes de tierra, con mucho sentido del humor, pero que transmite un mensaje serio, una reflexión sobre el pasado y el presente, agradable. En su estilo, parece un cuaderno de notas, donde intercala un relato, pero al final, todo va perfectamente unido. Es su ópera prima y cuando escriba la siguiente, la compraré, sin duda.
“Batallas terribles en el mar y senderos de polvo y hambre. Vida intensa siempre. Vida heroica de quien se afana en la gloria” (Prólogo de Las Fronteras Imperfectas)
El Trino del Diablo es una Sonata para violín en sol menor, compuesta por Giuseppe Tartini (1692–1770), famosa por ser muy exigente técnicamente. La historia detrás del Trino del Diablo inicia con un sueño, en el cual el diablo se le apareció al autor pidiéndole que fuera su sirviente.
En música se llama trino a la alternancia rápida de dos notas separadas por el intervalo de un tono (de una segunda mayor) o un semitono (una segunda menor).
Y esto viene a cuento porque me he leído hace una semana, El Trino del Diablo, de Daniel Moyano (Buenos Aires, 1930 - Madrid, 1992), una novela al estilo de Juan Rulfo en Pedro Páramo o García Márquez en Cien años de Soledad, realismo mágico, donde el sentido del humor del autor, hace llevar la dureza de lo contado.
Una Argentina, una América Latina, de golpes de estado, de militares analfabetos que temen a los intelectuales, de una sociedad injusta y corrupta, con sus caciques, también es un canto al emigrante que pobló América, al exilio, al desarraigo, a la aprensión a la violencia, con un estilo musical, donde el autor coge el violín como tabla de salvación, ensimismándose en la música, pero al necesitar narrar, el lenguaje tiene un tono musical, donde trata el extrañamiento y la inadaptación.
Un escritor muy interesante, del que voy a seguir leyendo.
“-En esta pensión sólo admitimos violinistas, por haber tantos en Buenos Aires, y así tenemos asegurada la clientela.” (El Trino del Diablo)
"La vocación le permitió guardar sus ojos para el descubrimiento y prescindir de los falsos menesteres de los días por los cuales el tiempo parecía una cosa agobiante." (Artistas de Variedades, Cuentos. Daniel Moyano, Editorial Assandri, Córdoba, 1960)
Hace pensar, te lleva en un viaje personal a las playas gaditanas, al mundo de los marineros, a los confines de los paisajes de tierra, con mucho sentido del humor, pero que transmite un mensaje serio, una reflexión sobre el pasado y el presente, agradable. En su estilo, parece un cuaderno de notas, donde intercala un relato, pero al final, todo va perfectamente unido. Es su ópera prima y cuando escriba la siguiente, la compraré, sin duda.
“Batallas terribles en el mar y senderos de polvo y hambre. Vida intensa siempre. Vida heroica de quien se afana en la gloria” (Prólogo de Las Fronteras Imperfectas)
El Trino del Diablo es una Sonata para violín en sol menor, compuesta por Giuseppe Tartini (1692–1770), famosa por ser muy exigente técnicamente. La historia detrás del Trino del Diablo inicia con un sueño, en el cual el diablo se le apareció al autor pidiéndole que fuera su sirviente.
En música se llama trino a la alternancia rápida de dos notas separadas por el intervalo de un tono (de una segunda mayor) o un semitono (una segunda menor).
Y esto viene a cuento porque me he leído hace una semana, El Trino del Diablo, de Daniel Moyano (Buenos Aires, 1930 - Madrid, 1992), una novela al estilo de Juan Rulfo en Pedro Páramo o García Márquez en Cien años de Soledad, realismo mágico, donde el sentido del humor del autor, hace llevar la dureza de lo contado.
Una Argentina, una América Latina, de golpes de estado, de militares analfabetos que temen a los intelectuales, de una sociedad injusta y corrupta, con sus caciques, también es un canto al emigrante que pobló América, al exilio, al desarraigo, a la aprensión a la violencia, con un estilo musical, donde el autor coge el violín como tabla de salvación, ensimismándose en la música, pero al necesitar narrar, el lenguaje tiene un tono musical, donde trata el extrañamiento y la inadaptación.
Un escritor muy interesante, del que voy a seguir leyendo.
“-En esta pensión sólo admitimos violinistas, por haber tantos en Buenos Aires, y así tenemos asegurada la clientela.” (El Trino del Diablo)
"La vocación le permitió guardar sus ojos para el descubrimiento y prescindir de los falsos menesteres de los días por los cuales el tiempo parecía una cosa agobiante." (Artistas de Variedades, Cuentos. Daniel Moyano, Editorial Assandri, Córdoba, 1960)
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