Acabo de terminar la novela de Luis Herrero, El tercer disparo (La esfera de los libros, 2009), me ha gustado, una novela que se ambienta en la política española reciente, y que trata el terrorismo, los espías y el periodismo. Como novela es interesante y dado el conocimiento que tiene el autor del ambiente en el que se desarrolla es bastante didáctica, pesimista con la naturaleza humana, pero aún así, como todo buen autor de novela negra, salva al lector de la tristeza con una coral de héroes anónimos que son testigos y protagonistas de esta historia.
Y como esta obra, también ambientada en esta España de la transición a nuestros días, con etarras, políticos, espías, policías y guardias civiles, he leído este verano una buena novela policiaca Las lágrimas de Gorka (Ediciones Atlantis, 2011) de Javier Reyes Izquierdo (http://www.edicionesatlantis.com/). Donde el autor, hijo, nieto, bisnieto y tataranieto de la Benemerita, que entró en la Guardia Civil a los 18 años y que un servicio con explosivos le apartó del servicio siendo todavía muy joven, narra una historia muy interesante, que se lee muy bien, y que además juega con muchos aspectos biográficos del autor, unos vividos, otros oídos de primera mano que hacen que lo ficticio, tenga mucha verdad, como la buena literatura.
Y de verdades a medias, un ejemplo, el libro de Manuel Fernández Monzón, Una vida revuelta (Ediciones Península, 2011), donde el general retirado narra sus experiencias en la política, en el espionaje y en la milicia. Cuenta algunas cosas interesantes, que no por sabidas estaban dichas tan explícitamente como que los servicios secretos españoles cobraron parte de su sueldo, durante bastante tiempo de los norteamericanos, habla de Jano, ese archivo donde todo español que vaya a ser algo o lo haya sido está incluido (obra, milagros y vicios), que también cita Luis Herrero. Es interesante la parte de los contactos, creación y promoción de los partidos políticos en la etapa final del Franquismo. Y es algo novedoso en su narración sobre el 23-F. También ha tenido su polémica por declararse republicano, ya que aunque matiza, suena un poco raro en un general de esa época, ligado a la transición y a la monarquía, que últimamente, no hace si no recibir palos.
Por cierto, de Luis Herrero, me leí el libro sobre Suárez, Los que lo llamábamos Adolfo (La esfera de los libros, 2007) y también tiene aspectos interesantes, como la muerte de su padre Fernando Herrero Tejedor, que fue ministro y secretario general del Movimiento Nacional en el penúltimo gobierno de Franco, de su experiencia como periodista y lo del Almendro en el 23-F.
Y hablando del 23-F, me he leído Anatomía de un instante (Mondadori, 2009) de Javier Cercas, que resulta muy interesante aunque no comparto la visión del autor, me gusta el formato, que se parece a su otra obra de éxito Soldados de Salamina (2001), y el libro de Jesús Palacios, El 23-F, el Rey y su secreto (LD Libros, 2010), con el que estoy mucho más de acuerdo y me creo más.
El tema del poder, la naturaleza humana, ambientada en la España de la pre-transición, de la transición y de lo post-transición está en auge, este tema en Estados Unidos, traería bastantes títulos de cine, con posible éxito, pero en España, hasta los escritores se la juegan un poco, los cejitorcidos del cine y vientre sueltos del cazo, ni se lo plantean, y los poderosos no se lo pueden permitir, porque aquí todo está relacionado y el que no lo está, tiene crisis, y la vida sin dinero y sin poder es muy dura.
Únicamente encontramos alguna película como El Lobo (2004) basada en la vida de Mikel Lejarza, que fue producida por Melchor Miralles y otros cuando estaba en El Mundo, y que he leído en Las alcantarillas del poder (La esfera de los libros, 2011) de Fernando Rueda, que finalmente le condecoraron por ayudar a desarticular la cúpula de ETA, algo es algo 20 o 30 años más tarde, como todo en España, llega tarde, cuando llega, la mayoría de las veces, lo que llega es la ingratitud, la tristeza y el hastío de los buenos. Casi nunca la venganza, solo en las novelas. De justicia, ni hablamos.
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martes, 29 de noviembre de 2011
lunes, 11 de mayo de 2009
Un viaje de ficción a la realidad
Montalbano, personaje del escritor Andrea Camilleri, el comisario de policía de Vigata (un lugar imaginario de Sicilia), resuelve crímenes a pesar de los poderes fácticos: políticos, funcionarios miedosos y mafiosos, mediante un equilibrio entre lo legal y lo justo, sorteando muchas veces las normas, dirige a sus subordinados de forma paternalista, acompañado de Fazio, su mano derecha, aunque generalmente prefiere actuar solo, evitando dar a conocer su forma de trabajar, que muchos suponen, para poner entre rejas o como sea a los malos.
Y es precisamente sus formas poco ortodoxas las que hacen disfrutar al lector con las soluciones dadas, así como el humor que tiene el autor, dando lugar a la risa en muchas partes de su obra, aunque trate temas bien trágicos, eso y una relación a distancia, un poco tormentosa con su novia Livia, sin descartar escarceos con terceras, junto a un viaje por la Sicilia de campo y de mar, con buenos momentos gastronómicos en Enzo y otras trattorias, frecuentadas por camioneros, como sello de calidad, o por lo que le cocina su empleada en su hogar de casi soltero.
Las tramas van aderezadas con un complejo mundo de relaciones institucionales y profesionales , con el medio ambiente corrupto de la isla, extendido muchas veces a toda Italia, un crimen o crímenes que se adentran en la naturaleza humana, en fin, unas buenas novelas, que se leen de maravilla y me hacen disfrutar mucho.
Quizá, en una reunión en Roma, entre policías, conoció a Brunetti de Donna Leon, un comisario del norte, de la ciudad de Venecia, que si bien persigue con igual fijación al crimen, no tiene nada que ver con él, ya que Brunetti tiene bastantes prejuicios sobre los del sur, a los que supone implicados a todos con la mafia, y aunque no es así, éstos perciben el tema como algo cotidiano, con nombres y apellidos, con sistemas muy conocidos, incluso cotidianos, como el autor de Gomorra, Roberto Saviano describe, visitando los lugares en moto, incluso tratando directamente, viendo en los juicios y descubriéndoles las señas, o como el propio Camilleri, analizando la mentalidad y la ortografía de los pizzini de Provenzano, jefe de la mafia siciliana durante muchos años, que se escondía de la policía y se comunicaba y daba órdenes mediante micro mensajes a máquina enrollados, tratando de ver el porqué de ese imperio del mal.
Aunque también coinciden en su gusto por la comida y los restaurantes, es evidente la diferencia de percepción, uno (Brunetti) considera la mafia o similares como una pandemia exógena, mientras los del sur conviven con ella, la conocen, la huelen, la temen pero menos por oídas que por saber cómo son, pero viven, con paciencia e incluso con humor.
Al igual que los italianos del sur, los españoles, conviven con la corrupción política y administrativa, en general social, porque es la sociedad la que nos brinda la visión conformista, resignada y paciente, no nos sorprendemos de ello, porque sabemos que existe, que siempre existe, o por lo menos eso pensamos, aunque nos gustaría lo contrario (a algunos por lo menos), y cuando vemos en el Reino Unido, cómo se sonroja y pide disculpas todo un primer ministro por gastar legalmente pero no por ello de forma aceptable unos recursos públicos (apenas unos miles de euros), mientras en nuestra sociedad, ni nos alteramos, ni hacemos pedir disculpas (ni siquiera que lo devuelvan), incluso mantienen su cargo personas que se han apropiado injustificadamente millones de euros, y otros que han malgastado estúpidamente (con su consiguiente grado de amiguismo, corrupción) otros miles de millones de euros, pero no pasa nada.
La España actual es reflejo de nuestra sociedad, donde mantenemos muchas similitudes con Argentina, con el sur de Italia, con Venezuela, con Cuba, ¿será el ADN?, ¿Seré determinista?
PD: La picaresca social deviene en criminalidad, esa permisividad acaba en corrupción, haciendo de los criminales personajes de una sociedad por todos conocidos, mientras en sociedades nórdicas, el criminal es un individuo solitario que esconde a todos su corrupción, apareciendo en público como honrado (tipo el monstruo de Amsteten), que teme a la ley y a la condena social igualmente, mientras aquí, el criminal se compra un cochazo (un haiga, como leía ayer en el artículo de Carmen Rigalt), un chalet de la pera y nadie duda de dónde sale lo que tiene, a veces hasta se ponen chulos ¿qué pasa? y se les invita a dar conferencias, y solo se echan atrás cuando temen el castigo, apareciendo a veces como víctimas de la sociedad, otras como Robin Hood y rara vez como lo que son: gentuza, delincuentes, basura.
En el sur de Europa, ni en Hispanoamérica nunca se podría haber escrito El Retrato de Dorian Gray de Oscar Wilde, de aquí tienen que ser El Buscón de Quevedo, El Lazarillo de Tormes, El Satiricón de Petronio y El Asno de oro de Apuleyo, llevamos siglos con nuestras bondades, pero sin duda con nuestras taras, ¿cambiaremos? Lo dudo mucho.
Y es precisamente sus formas poco ortodoxas las que hacen disfrutar al lector con las soluciones dadas, así como el humor que tiene el autor, dando lugar a la risa en muchas partes de su obra, aunque trate temas bien trágicos, eso y una relación a distancia, un poco tormentosa con su novia Livia, sin descartar escarceos con terceras, junto a un viaje por la Sicilia de campo y de mar, con buenos momentos gastronómicos en Enzo y otras trattorias, frecuentadas por camioneros, como sello de calidad, o por lo que le cocina su empleada en su hogar de casi soltero.
Las tramas van aderezadas con un complejo mundo de relaciones institucionales y profesionales , con el medio ambiente corrupto de la isla, extendido muchas veces a toda Italia, un crimen o crímenes que se adentran en la naturaleza humana, en fin, unas buenas novelas, que se leen de maravilla y me hacen disfrutar mucho.
Quizá, en una reunión en Roma, entre policías, conoció a Brunetti de Donna Leon, un comisario del norte, de la ciudad de Venecia, que si bien persigue con igual fijación al crimen, no tiene nada que ver con él, ya que Brunetti tiene bastantes prejuicios sobre los del sur, a los que supone implicados a todos con la mafia, y aunque no es así, éstos perciben el tema como algo cotidiano, con nombres y apellidos, con sistemas muy conocidos, incluso cotidianos, como el autor de Gomorra, Roberto Saviano describe, visitando los lugares en moto, incluso tratando directamente, viendo en los juicios y descubriéndoles las señas, o como el propio Camilleri, analizando la mentalidad y la ortografía de los pizzini de Provenzano, jefe de la mafia siciliana durante muchos años, que se escondía de la policía y se comunicaba y daba órdenes mediante micro mensajes a máquina enrollados, tratando de ver el porqué de ese imperio del mal.
Aunque también coinciden en su gusto por la comida y los restaurantes, es evidente la diferencia de percepción, uno (Brunetti) considera la mafia o similares como una pandemia exógena, mientras los del sur conviven con ella, la conocen, la huelen, la temen pero menos por oídas que por saber cómo son, pero viven, con paciencia e incluso con humor.
Al igual que los italianos del sur, los españoles, conviven con la corrupción política y administrativa, en general social, porque es la sociedad la que nos brinda la visión conformista, resignada y paciente, no nos sorprendemos de ello, porque sabemos que existe, que siempre existe, o por lo menos eso pensamos, aunque nos gustaría lo contrario (a algunos por lo menos), y cuando vemos en el Reino Unido, cómo se sonroja y pide disculpas todo un primer ministro por gastar legalmente pero no por ello de forma aceptable unos recursos públicos (apenas unos miles de euros), mientras en nuestra sociedad, ni nos alteramos, ni hacemos pedir disculpas (ni siquiera que lo devuelvan), incluso mantienen su cargo personas que se han apropiado injustificadamente millones de euros, y otros que han malgastado estúpidamente (con su consiguiente grado de amiguismo, corrupción) otros miles de millones de euros, pero no pasa nada.
La España actual es reflejo de nuestra sociedad, donde mantenemos muchas similitudes con Argentina, con el sur de Italia, con Venezuela, con Cuba, ¿será el ADN?, ¿Seré determinista?
PD: La picaresca social deviene en criminalidad, esa permisividad acaba en corrupción, haciendo de los criminales personajes de una sociedad por todos conocidos, mientras en sociedades nórdicas, el criminal es un individuo solitario que esconde a todos su corrupción, apareciendo en público como honrado (tipo el monstruo de Amsteten), que teme a la ley y a la condena social igualmente, mientras aquí, el criminal se compra un cochazo (un haiga, como leía ayer en el artículo de Carmen Rigalt), un chalet de la pera y nadie duda de dónde sale lo que tiene, a veces hasta se ponen chulos ¿qué pasa? y se les invita a dar conferencias, y solo se echan atrás cuando temen el castigo, apareciendo a veces como víctimas de la sociedad, otras como Robin Hood y rara vez como lo que son: gentuza, delincuentes, basura.
En el sur de Europa, ni en Hispanoamérica nunca se podría haber escrito El Retrato de Dorian Gray de Oscar Wilde, de aquí tienen que ser El Buscón de Quevedo, El Lazarillo de Tormes, El Satiricón de Petronio y El Asno de oro de Apuleyo, llevamos siglos con nuestras bondades, pero sin duda con nuestras taras, ¿cambiaremos? Lo dudo mucho.
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lunes, 13 de abril de 2009
Aproximación a los detectives
La novela policiaca, de detectives y la novela negra son subgéneros de la novela relacionados, en principio están consideradas como de un tipo menor, ya que buscan más el entretenimiento mediante el planteamiento de un enigma y su resolución, que la exposición de alguna tesis o su carácter filosófico o sociológico.
Los protagonistas suelen ser detectives, desde Hércules Poirot o Sherlock Holmes a Kurt Wallander de Henning Mankell o el Inspector Rebus de Ian Rankin, los detectives de las novelas, suelen tener unas características generales que son:
-Generalmente es un hombre. Como principal excepción Miss Marple de Agatha Christie.
-Soltero o como mínimo solitario. Excepción de Brunetti de Donna Leon, que tiene una buena relación con su mujer y sus hijos con los que vive.
-Analista de la naturaleza humana y buen razonador.
-No acata las normas y leyes exactamente, aunque su comportamiento suele ser ético.
-Policía o ex policía en muchos casos, detective o investigador a secas en otros.
-Tiene que haber varias novelas que protagonicen, siendo el hilo conductor el personaje.
Auguste C. Dupin de Edgar Allan Poe, es generalmente reconocido como el primer detective en la ficción. El personaje sirvió como prototipo para muchos otros que fueron creados más tarde.
Cuando es detective, la policía suele quedar mal, como poco competente, cuando el detective es policía, suele estar la figura de su jefe inmediato, como persona más interesada en contentar a los políticos y la opinión pública que de la justicia y la verdad, siendo éste el incompetente. Haciendo una crítica a estas organizaciones y a la corrupción política.
En el caso de los ex policías es habitual que estemos ante un tipo desencantado, tanto del sistema como de la ley, suele haber una fuerte denuncia social, sobre todo contra el poder del dinero, como excepción está Hércules Poirot, ex policía belga, que tiene buena relación con la alta sociedad y está contento de sí mismo.
El detective puede ser un curioso, de clase alta, como Sherlock Holmes, con múltiples habilidades, aunque va degenerando a un personaje duro, con un idealismo pesimista con Philip Marlowe de Raymond Chandler o Sam Spade de Dashiell Hammett, más normales, quizá personajes de más acción, casi de aventuras.
Maigret, de Georges Simenon, al igual que Colombo, está casado pero sin hijos, suele rondar al asesino, pero no busca especialmente la acción propia de otros detectives como Harper, incluso como Tintín, periodista investigador de enigmas.
De los españoles, para mí, destacan Juan Madrid con Toni Romano y el famoso Carvalho de Vázquez Montalbán, que ha influido a Andrea Camilleri y su comisario Montalbano, que lo llamó así en su honor.
Muchos de estos detectives de novela son pasados al cine o a la televisión, y hay otros que se hacen famosos en estos medios.
Y quizá otro aspecto en común de todo este género, es precisamente la personalidad de sus autores, más curiosos que sus personajes en muchos casos, pero eso ya sobrepasaría esta aproximación a los detectives.
Los protagonistas suelen ser detectives, desde Hércules Poirot o Sherlock Holmes a Kurt Wallander de Henning Mankell o el Inspector Rebus de Ian Rankin, los detectives de las novelas, suelen tener unas características generales que son:
-Generalmente es un hombre. Como principal excepción Miss Marple de Agatha Christie.
-Soltero o como mínimo solitario. Excepción de Brunetti de Donna Leon, que tiene una buena relación con su mujer y sus hijos con los que vive.
-Analista de la naturaleza humana y buen razonador.
-No acata las normas y leyes exactamente, aunque su comportamiento suele ser ético.
-Policía o ex policía en muchos casos, detective o investigador a secas en otros.
-Tiene que haber varias novelas que protagonicen, siendo el hilo conductor el personaje.
Auguste C. Dupin de Edgar Allan Poe, es generalmente reconocido como el primer detective en la ficción. El personaje sirvió como prototipo para muchos otros que fueron creados más tarde.
Cuando es detective, la policía suele quedar mal, como poco competente, cuando el detective es policía, suele estar la figura de su jefe inmediato, como persona más interesada en contentar a los políticos y la opinión pública que de la justicia y la verdad, siendo éste el incompetente. Haciendo una crítica a estas organizaciones y a la corrupción política.
En el caso de los ex policías es habitual que estemos ante un tipo desencantado, tanto del sistema como de la ley, suele haber una fuerte denuncia social, sobre todo contra el poder del dinero, como excepción está Hércules Poirot, ex policía belga, que tiene buena relación con la alta sociedad y está contento de sí mismo.
El detective puede ser un curioso, de clase alta, como Sherlock Holmes, con múltiples habilidades, aunque va degenerando a un personaje duro, con un idealismo pesimista con Philip Marlowe de Raymond Chandler o Sam Spade de Dashiell Hammett, más normales, quizá personajes de más acción, casi de aventuras.
Maigret, de Georges Simenon, al igual que Colombo, está casado pero sin hijos, suele rondar al asesino, pero no busca especialmente la acción propia de otros detectives como Harper, incluso como Tintín, periodista investigador de enigmas.
De los españoles, para mí, destacan Juan Madrid con Toni Romano y el famoso Carvalho de Vázquez Montalbán, que ha influido a Andrea Camilleri y su comisario Montalbano, que lo llamó así en su honor.
Muchos de estos detectives de novela son pasados al cine o a la televisión, y hay otros que se hacen famosos en estos medios.
Y quizá otro aspecto en común de todo este género, es precisamente la personalidad de sus autores, más curiosos que sus personajes en muchos casos, pero eso ya sobrepasaría esta aproximación a los detectives.
lunes, 10 de noviembre de 2008
Novela negra y novela policiaca
Las novelas negras y el género policiaco se han considerado una serie menor de la literatura, ya que tienen por objetivo más el entretenimiento que la presentación de unos pensamientos, aunque a decir verdad, no es cierto, ya que todo autor tiene un planteamiento ético a la hora de escribir, porque muchos lo hacen como divertimento y solo después del éxito, ha sido su modo de sustento.
Es verdad, que el planteamiento estético de una novela de este género es sencillo:
1. Muerte o desaparición o enigma
2. Un detective se hace cargo de la investigación
3. Se investigan los hechos y el entorno de la víctima
4. Giro que desmonta las hipótesis inicial
5. Explicación o resolución sorprendente
Aquí habría que distinguir la novela negra, de la de detectives o policiaca, la novela negra trata de un personaje cercano a los bajos fondos, que se ve envuelto en una trama, normalmente ambientada en los bajos fondos, mientras que el detective o policía, investiga unos sucesos ambientados en una sociedad de clases más altas, a veces, el detective pertenece a una clase más alta que la que ambienta los sucesos.
Así, tendríamos como principal diferencia entre la novela negra y el resto del género policiaco, que en la novela negra hay un interés moral por denunciar la situación social, por denunciar la corrupción política y por reivindicar una cierta ética (generalmente la del detective), que pese a ser una persona de muchos vicios, perdedor y fracasado, precisamente eso le "justifica" para "condenar" moralmente a la sociedad y sus dirigentes o funcionarios.
Como curiosidad, aunque no casualidad, es habitual que estos escritores de novela negra, sean comunistas militantes desde Dashiell Hammett a Andrea Camilleri, pasando por Manuel Vázquez Montalbán, que no quita que hagan unas novelas excelentes.
El otro tipo de novela, la de detectives o policiaca, es previa a la novela negra, según los especialistas, se inicia a partir de Søren Kierkegaard como inspirador del pensamiento sobre todo por su obra El concepto de ansiedad (1844), aunque otros le buscan más su origen político, desde la perspectiva marxista.
Uno de los primeros autores es el estadounidense Edgar Allan Poe, donde se puede ver la clara influencia de Thomas de Quincey, sobre todo de su obra El asesinato considerado como una de las bellas artes (1827). Así el origen de la novela negra vendría de la novela de detectives y ésta a su vez de la novela gótica. Donde todos los géneros siguen existiendo con sus distintas evoluciones.
El primer detective de ficción, Auguste Dupin, protagonista de los cuentos de Poe: cuentos Los crímenes de la calle Morgue (1841), El misterio de Marie Rogêt (1842-1843), La carta robada (1844) inspiró a otro maestro del género, sir Arthur Conan Doyle, con su famoso detective Sherlock Holmes.
Otra autora, Agatha Christie, es un claro ejemplo de ambas influencias, por un lado, cultiva la novela detectivesca, con sus famosos personajes Hércules Poirot y Miss Marple, y por otro la novela más o menos gótica, con su personaje Mr Quinn.
Es verdad, que el planteamiento estético de una novela de este género es sencillo:
1. Muerte o desaparición o enigma
2. Un detective se hace cargo de la investigación
3. Se investigan los hechos y el entorno de la víctima
4. Giro que desmonta las hipótesis inicial
5. Explicación o resolución sorprendente
Aquí habría que distinguir la novela negra, de la de detectives o policiaca, la novela negra trata de un personaje cercano a los bajos fondos, que se ve envuelto en una trama, normalmente ambientada en los bajos fondos, mientras que el detective o policía, investiga unos sucesos ambientados en una sociedad de clases más altas, a veces, el detective pertenece a una clase más alta que la que ambienta los sucesos.
Así, tendríamos como principal diferencia entre la novela negra y el resto del género policiaco, que en la novela negra hay un interés moral por denunciar la situación social, por denunciar la corrupción política y por reivindicar una cierta ética (generalmente la del detective), que pese a ser una persona de muchos vicios, perdedor y fracasado, precisamente eso le "justifica" para "condenar" moralmente a la sociedad y sus dirigentes o funcionarios.
Como curiosidad, aunque no casualidad, es habitual que estos escritores de novela negra, sean comunistas militantes desde Dashiell Hammett a Andrea Camilleri, pasando por Manuel Vázquez Montalbán, que no quita que hagan unas novelas excelentes.
El otro tipo de novela, la de detectives o policiaca, es previa a la novela negra, según los especialistas, se inicia a partir de Søren Kierkegaard como inspirador del pensamiento sobre todo por su obra El concepto de ansiedad (1844), aunque otros le buscan más su origen político, desde la perspectiva marxista.
Uno de los primeros autores es el estadounidense Edgar Allan Poe, donde se puede ver la clara influencia de Thomas de Quincey, sobre todo de su obra El asesinato considerado como una de las bellas artes (1827). Así el origen de la novela negra vendría de la novela de detectives y ésta a su vez de la novela gótica. Donde todos los géneros siguen existiendo con sus distintas evoluciones.
El primer detective de ficción, Auguste Dupin, protagonista de los cuentos de Poe: cuentos Los crímenes de la calle Morgue (1841), El misterio de Marie Rogêt (1842-1843), La carta robada (1844) inspiró a otro maestro del género, sir Arthur Conan Doyle, con su famoso detective Sherlock Holmes.
Otra autora, Agatha Christie, es un claro ejemplo de ambas influencias, por un lado, cultiva la novela detectivesca, con sus famosos personajes Hércules Poirot y Miss Marple, y por otro la novela más o menos gótica, con su personaje Mr Quinn.
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